Destino de lo femenino*
René Descartes está sentado ante su mesa de trabajo. Mira los objetos que están delante suyo. Los conoce muy bien; con ellos pasa la mayoría de su tiempo.
De repente, uno de éstos le aparece extraño por ser distinto a los demás. Tiene que reconocerlo, porque no puede dejar de mirarlo: es el registro que le dio su profesor Isaac Beeckman hace unos meses.
Sus manos lo giran, lo dan vuelta, lo acarician.
Lo imprevisto de este encuentro lo maravilla. Escribe la fecha en la primera página:
"1º de enero de 1619"
Anota otras palabras que le surgen:
"El comienzo de la sabiduría es el temor a Dios"
Sonríe a los Jesuitas que le han hecho conocer tantas cosas.
Ahora se encuentra atemorizado cual actor que sale de bambalinas. Oye el rechinar de la pluma sobre el papel y descubre qué escribe su gesto:
"Cuando estoy a punto de salir a la escena del mundo, avanzo enmascarado (larvatus prodeo)[1]".
Recuerda que les actores de la antigüedad llamados por el escenario debían ponerse una máscara (persona) para que no se viera el rubor que se apoderaba de su frente.
“Qué solos que estaban, piensa”, en ese frente a frente con la mirada del público.
Él, en cambio nunca está solo, está en presencia de Dios.
Le dirige un agradecido saludo a la lengua latina, no tan muerta, que le da la razón; cuando escribe "prodeo", lee y oye "pro Deo", ante Dios, para Dios.
El continuo del grito de la tinta depositada en la hoja blanca ha dejado de ser extraño; en éste reconoce el llamado de Dios. Tomar consciencia de esta significación oculta lo libera. Se deja llevar:
Dios le permite a cada cual encontrar su lugar en la escalera del ser y como él ocupa el escalón más alto, lo amamos. Lo extraordinario, es que al amarlo, nos amamos y amamos a nuestro prójimo como a nosotros mismos, dado que estamos todos en la misma escalera. El amor al prójimo que se arraiga en la conjunción del ser y el amor, es el mayor de los mandamientos por tomar vuelo desde el amor divino.
Si la criatura debe ser enmascarada en su presencia, no es que se trate de un dios celoso, sino que, amor divino, está en el origen de todo ser. Descartes entiende la tonalidad de do mayor de la música del ser: Dios es el serme del ser. Está exultante.
Se le ocurre: "Pienso, luego existo", cogito ergo sum, quiere escribirlo pero no puede. La angustia se apodera de él: ya no puede leer la última nota, ésta lo ata. Está frente al abismo. El teatro del ser ha desaparecido.
El psicoanalista cantante lírico aguardaba el momento de falla para tomar la palabra. Se adelanta, llevado por lo que lo habita y que él habita, el lenguaje. En ese instante no piensa en subir al escenario. No titubea ni un instante:
Es verdad, el amor se dirige desde el semblant y al semblant que es el ser, ya que apunta a la vestidura de la imagen de sí que envuelve al objeto causa de deseo.
Pero, hay otra cosa que la experiencia puede hacer encontrar algún día y es un planteo mayúsculo del psicoanálisis: el goce se dirige y también se atrapa desde el semblant.
El cogito cartesiano, no es poca cosa poner al ser por las nubes, pero la nota del 1ero de enero de 1619 cambia la mano de 1637, en el après-coup. Lo demuestra la angustia de Descartes.
Esta pone en dirección de un saber del ser que no se sabe, que no se demuestra, del que se trata de gozar. Saber que no se aprende, que ha de ser aprehendido (y no aprendido).
Ciframiento que pasa el ser a la letra. Más allá del significado. "Edupation" (Lacan), acontecimiento que recoge al sujeto actuado, gozado: hablar, cantar, escribir, bailar…Hizo falta mucho tiempo para que este decir pudiera decirse.
La querida alètheia, no es el develamiento de lo que está oculto por el sentido de las palabras, detrás de la mascara, aunque fuese de hierro. Está relacionada con el tiempo necesario para que se elabore un saber que vale “porque uno tiene que arriesgar el pellejo, porque resulta difícil menos adquirirlo que gozarlo” (20 de marzo de 1973).
Por ello, el psicoanalista propone decir lo que viene, las palabras, las buenas y viejas palabras donde se espera el quiebre del semblant. Usar el sentido hasta la empuñadura para que suene la Otra cosa, la a cosa.
Aquí no prevalece la función de intercambio, sino la de uso porque borrará la tontería cultural del sentido común y operará una decantación indispensable para la condensación que preside en la avenida del campo de la metáfora.
La ópera brinda al respecto su brillante testimonio: el valor del libreto no depende de lo que cuentan las palabras, sino de la experiencia de goce que su canto deja oír en la voz de las vocales donde suena lo jamás oído de la arborescencia de los harmónicos que siempre se da de manera diferente.
El filósofo no lo puede creer. Jamás habría pensado que algunas palabras podían conducir hasta esa sospecha de saber insospechado.
Increíble Descartes, por haber posibilitado la transmisión de un saber que lo supera. Genial Beeckman por haber sido el instigador.
Ya nada es como antes. Se ha tasado otro modo de gozar:
"A punto de subir a la escena del mundo, avanzo enmascarado" porque los datos de la sustancia pensante hacen buenas migas con los de la sustancia extendida para sofocar "un" goce que cuesta, mucho, por estar fuera de ellosº, más allá del estado civil que clasifica en dos categorías: los hombres por un lado, las mujeres del otro.
Este silenciamiento no está al alcance de todo el mundo.
El sujeto no es aquel que comunica, ideal de nuestro pensamiento en mal de ser. Inconsciente, es el efecto de un tironeo sin retorno entre lo universal del "todo" hombre y la producción de "una" mujer en un discurso que surge repentinamente como discurso analítico.
Cuando el goce sube a la escena del mundo, la lengua se brinda y su intérprete es el artículo indefinido en el "una" por "una".
El lenguaje es la condición de lo inconsciente, y no la inversa, empuja al ser hablante a lo "uno” calculable * del goce. In consciente, Un bewusst.
Lo inconsciente no es que el ser piense, sino que goce al hablar. Hay un extraño lazo que preside a la aparición de la palabra, ya que pone en escena al ser sexuado de esas mujeres no-todas.
"¿Qué quiere la mujer?”: el derecho de lo femenino no está oculto bajo el articulo definido. Abre hacia el infinito de lo indefinido. Se confiesa inconfesable.
Al poner el acento en la sexualidad, Freud no sabía que se remitía a la fortuna de lo femenino. Fue necesario Lacan para pasarlo.
El ordinal es superado por el cardinal: hay tres en el inicio, lo real es tres, no es tercero, experimentar es la única manera de asirlo, en el punto que somos.
El tiempo necesario es aquel que falla…
«Dejen actuar la guadaña del tiempo» (La Fontaine, Fábulas, XII, 20)
Paris, Enero de 2009 Jean Charmoille
* Trabajo escrito posteriormente a la conferencia en la Unesco « el derecho de lo femenino », el 21/11/ 2008. www.sonecrit.com.
Uno y otro son ensayos para traducir con palabras aquello que se les escapa, lo real de lo femenino donde el ser hablante se pierde desde siempre. Su actualidad se debe a que sigue igual y el psicoanalista puede dar cuenta de ello a partir de la experiencia codificada que es el discurso analítico escrito por Lacan con cuatro letras es decir, con lo que todavía no está definido con un sentido preciso.
