“Esbozo de un cuadro histórico del cristianismo
Homenaje a Condorcet”

Paris 

Clase del 28/02/2007

00:51:47

Esbozo de un cuadro histórico del cristianismo
Homenaje a Condorcet

Tal vez hayan percibido, al entrar en esta construcción, algo que les recordara los acontecimientos ocurridos en  2006, en 1968... pero tal vez también otra cosa.

Nos encontramos aquí en un antiguo colegio católico creado en 1255 por el confesor de Saint Louis, Robert de Sorbon, para recibir jóvenes estudiantes sin dinero. La enseñanza era esencialmente teológica y su importancia fue tal que actuará como tribunal eclesiástico.

A fines del siglo XVI, el establecimiento cuyo nombre fuera « Sorbonne » en 1554, está por derrumbarse. Armand du Plessis de Richelieu, Director de La Sorbonne en 1622, será el protector activo que lo reconstruye íntegramente, colocando  el 1ero de mayo de 1635, la primera piedra de la capilla que albergará su tumba.

Este cardenal, ministro de Luis XIII,  no podía pensar que La Sorbonne sería cerrada por los revolucionarios en 1791 y que la capilla donde había resuelto residir para siempre se volvería el templo de la diosa Razón.

La primera orden del Reino de Francia cayó a fines del siglo XVIII : constitución civil del clero, confiscación de los bienes de la Iglesia, persecución de los prelados, juramento...

 La liberación que surgió como acontecimiento extraordinario a fines de ese siglo ha profanado el universo sagrado de la Iglesia.

Nuestro proyecto es ir al encuentro de aquello que puede develarse ante el lugar sagrado, pro fanum, más allá de las significaciones conocidas -sanción para los unos, impiedad y deshonra para los otros-  y visualizar qué surgió en el siglo XVIII como saber laico[1] en el origen de nuestra modernidad.

La experiencia de la transferencia no deja de demostrar que todo lleva a girar en torno a un centro, pero también puede ocurrir que a la revolución del eso gira se substituya un eso cae.

Más aún, es única porque supone la existencia de una revolución* donde el eso gira es equivalente al eso cae tal como lo demostrara Newton a fines del siglo XVII.

Que el lector tome la medida justa de esa apuesta que es extraña al pensamiento; se trata de un saber absoluto. Tendremos que dar cuenta de ello.

Sorprendente mensaje para nuestro tiempo de psicologismo donde todo se explica indefinidamente.

Había de ser transmitido por alguien que franqueara a menudo todas las fronteras.

Nuestra hipótesis es que en el curso de su vida, ese viajero que no había cesado de errar sin saberlo, refugiado en la mundana vida del siglo XVIII, fue detenido repentinamente por un experto en todo, sediento de libertad, Mozart

Nuestro proyecto es escribir la continuación. La publicación en 1960 de la edición del texto original del manuscrito Histoire de ma vie, ( edición Brockhaus-Plon), que redacta de 1789 a noviembre de 1797, unos meses antes de morir el 4 junio de 1798, profana la imagen del libertino bien conocido. Una apuesta lo devela como eximio escritor[2].

Este es el periplo que prevalece aquí.

Durante el verano de 1789, un hombre de 64 años, que ha aceptado el puesto de bibliotecario ofrecido por el conde Waldstein en el castillo de Duchkov en Bohemia, decide contar los acontecimientos de su vida.

Sabe que ha sido un maravilloso cuentista. Quiere escribir para seguir gozando de aquello que ya ha conocido con placer y nuevamente de aquello que ha encontrado en el displacer.

Fiel al lema estoico, «Sequere déum», seguir a dios, enseñada por un viejo senador de Venecia, M. de  Maliepiero, nunca ha retrocedido ante lo imprevisto; dan cuenta de ello los hechos[3].

Solo, debe rendir cuenta de su gestión «como lo hace un mayordomo a su amo antes de desaparecer».

Lo anuncia con elegancia: « Miembro del Universo, le hablo al aire»

Aún no sabe que otro «goce»[4]* lo guía, que es su amo.  

Dos años antes había visitado a Mozart que preparaba el estreno de su Don Giovanni en Praga. La última jornada de Don Juan lo ha inspirado. Aún no lo sabe.

A medida que su pluma cruje sobre el papel, comienza a alcanzar, a Duchkov[5], el centímetro¨ que no había dimensionado.

Unos años luego en el siglo XIX, no lo sorprende que un profesor de francés muy importante llamado Jean Laforgues haya traducido su historia a partir de la traducción alemana de su manuscrito, mitigando su tono incisivo, llegando inclusive a suprimir la palabra goce.

Conoce a los censuradores, ¿acaso no aceptó colaborar con los Inquisidores de Venecia cuando era Confidente?

Este recuerdo lo lleva a quienes han tomado el poder en nombre de la desaparición de los privilegios. En esta revolución francesa, sólo Condorcet, a su entender, parece haber conservado cierta dignidad[6]. Sigue sin comprender por qué no se presentó ante él cuando lo encontró en presencia de Benjamin Franklin el 23 de noviembre de 1783 en la Academia de Ciencias.

¿Acaso estaba impresionado por la prestancia de su saber?

¿Por qué su proyecto de constitución redactado con algunos amigos y leído el 15 de febrero de 1793 en la Asamblea fue rechazado por los Montagnards conducidos por Robespierre? Un ajuste de cuentas, sin dudas.

Era distinto a los demás revolucionarios; es más, no pasó por la guillotina. Ésta no hubiera sabido reconocerlo.

Sonríe antes esta idea sorprendente.

Cada día, durante más de diez horas, escribe transportado cada vez más por el movimiento de la lengua francesa que sabe resonar tan bien:

 « Beso el aire, creyendo que estás allí »

Lejos está de la versión del censurador Laforgues: « Lanzo miles de besos que se pierden en el aire»

Al dirigirle esa nota tierna, ¿acaso M M. sabía que le permitía oír el don gratuito de la significancia? 

Mujer « admirable en todo lo que hacía », ella volvía presente una presencia que lo habitaba repentinamente y que se develaba en ese preciso momento, en las palabras del Otro donde ella ek-sistía.

Pero ¿qué lo condujo a esa lengua que no era su lengua materna y en la cual se daba Otro «goce»*, siempre inasible y que lo llevaba más allá de lo que siempre había pensado hasta entonces? 

Una odisea, la propia que descubre pasados los sesenta años.

El 2 abril de 1725, el día de Pascuas, nace en Venecia con el nombre de Giacomo Casanova.

El padre oficial es Gaetano. Habría sido el hijo natural de un Grimani, patricio de Venecia. Su madre Zanetta, actriz, bella y encantadora, tendrá una relación, en Londres, con el Príncipe de Galles de la cual nacerá un medio-hermano, François.

Pero el decorado es Otro, su ópera supera la comedia de una ligazón amorosa que dirigirá el destino de un  pintor de batallas.

Será el siglo XV cuyos ancestros serán, un Don Juan, amo del sagrado palacio en Roma, un Marco Antonio, poeta, un Jacques Casanova, militar, y sobre todo, en los antecedentes de su padre, Jacobe Casanova que « secuestró del convento a D. Anna Palafox al día siguiente de que ésta hubiese hecho los votos.

Con esta novela familiar, sube al escenario como un analizante:

 « Fui imbécil hasta los ocho Años y medio. Luego de una hemorragia de tres meses, me enviaron a Papua, donde, curado de la imbecilidad, me aboqué al estudio, y a los dieciséis años, me convirtieron en doctor, me dieron un hábito de cura para intentar suerte en Roma”.

Lo esencial en pocas palabras.

 La existencia de Giacomo comienza bajo la mirada de un saber anónimo que lo paraliza; no puede ni hablar, ni recordar hasta la edad de ocho años y cuatro meses.

Testigo de las hemorragias que lo debilitan, su abuela, Marzia, del cual era el preferido, intuye estar en presencia de un saber que sobrepasa todo límite conocido.

Sin que la familial o supiera, lo lleva al encuentro de otro saber que, a su vez está más allá de todo límite, el de una bruja.

Ésta lo encierra en una caja desde donde oye en su voz algo que trasciende las risas y los llantos que ésta exhala. Un nuevo saber se le brinda y despierta.

Entonces, ella lo saca de ese lugar que ha dejado de ser topográfico porque se ha vuelto topológico, lo abriga, le  frota la nuca y las sienes con un ungüento «de olor suave », lo viste y sobre todo le anuncia la reducción de su hemorragia a condición de que no le comentara a nadie lo que acababa de ocurrir. De ser así, una dama condescendiente lo visitaría la noche siguiente.

Piensa en el desarrollo cronológico de su vida:

Primero, el llamado simbólico del saber femenino que lo lleva a la existencia.

Luego, la búsqueda de lo imaginario de los cuerpo a cuerpo.

En tercer lugar, el encuentro de real con la apertura secreta de Don Giovanni  de Mozart[7].

Ante esta justa evocación, resuenan los primeros compases de Don Giovanni.

Algo suena en él; jamás lo había oído. Recuerda la confidencia de Mozart acerca de la importancia del tiempo de après-coup cuando se le ha brindado[8] la apertura.

Tiene el mismo encuentro y ya nada es como antes. Histoire de ma vie adviene como  el escrito sobre los múltiples pentagramas de una misma partitura, sonidoescrito*, donde se deja oír, a la vez, aquello que había clasificado en la sucesión cronológica.

 Este nuevo tempo lo fascina.

 Llevado por la música que oyera en Praga durante el otoño bohemio de 1787, recuerda su llegada a Paris. 

Anteriormente, en Parma, una francesa, Henriette ya lo había iniciado al amor francés y en francés, goce del cuerpo femenino, « jouië-sens »* del cuerpo de la lengua y del más allá del sentido de las palabras y de las palabras que le deja en el vidrio del hotel en Ginebra « También olvidarás a Henriette ».

Con ese viático en el que reconoce la verdad en el engaño, pasa por Lyon para entrar a la franco-masonería. Extraño viaje, piensa sonriendo.

Es la primera vez que viene a Paris. Queda atónito con el aire de libertad de las  Parisinas que lo deja encantado. No entiende que Schopenhauer, después de Rousseau, las hayan considerado arrogantes. Pero ¡qué importa! Está en la otra orilla.

Su felicidad en Paris consiste en estar en la omnipresencia de mujeres, de su audacia, de su espíritu.

      Su admiración sigue en pie, su descripción  entusiasta y la memoria de sus tropiezos ante estas mujeres elegantes, burlonas, observadoras y críticas lo fascina, aún.

La bruja que dirigió la apertura de su ópera nunca lo abandonó;  el escondite simbólico desde donde el ser parlante anonadado puede oír la invocación que lo empuja a tomar la palabra, lo protege del saber mirante de quien se presentara.

Así es como un día, justamente en la ópera, cantando con el delicioso acento veneciano que se oye en su voz, que las ventanas «burleteadas»*, se sorprendió replicándole instantáneamente a la voz de Madame de Pompadour que lo interpelaba precisamente sobre Venecia: « Venecia no está allá abajo, Señora, sino allí arriba»

Venecia está tan cerca de Venus...

  

« Mi vida es mi materia, mi materia es mi vida », es su manera de ligar lo barroco a lo clásico, de conjugar lo imposible.

Sus conocimientos le habrían permitido ser oficialmente médico, cura, abogado, traductor, hombre de negocios y más aún… Será todo a la vez.

No le falta coraje para curar al patricio Bragadin que se está muriendo en su góndola, encontrando de este modo, protector a su desmesura.

Entretiene a sus interlocutores gracias a su genio Paralis con quien se comunica por escrito, transformando las letras en cifras.

Ah, ¡genio de lo escrito! Siempre lo sorprende. Debe dejar una huella de éste en las primeras líneas:

« La doctrina de los estoicos, y de cualquier otra secta sobre la fuerza del destino es una quimera de la imaginación que se debe al ateísmo. No sólo soy monoteísta, sino cristiano fortalecido por la filosofía que jamás ha estropeado nada» 

 Histoire de ma vie comienza con un homenaje al cristianismo y termina en latín sobre el evangelio, evangelium[9], el suyo.

« Non erubesco evangelium»

Este 17 de noviembre de 1797. Jacques Casanova[10].

 No me avergüenzo del evangelio que he hallado.  « Profanador » se exclama el defensor del lugar de lo sagrado.

Prudencia, entonces, aguardemos hasta el último momento para escribirlo. A la manera de Galileo, alertado por la condena a muerte de Giordano Bruno, que anuncia sus descubrimientos en secreto a sus colegas bajo la forma de anagramas escritos en dísticos latinos, no devela nada.

Confía en estas enigmáticas palabras bíblicas olvidadas: «no me buscarías si no me hubieses ya encontrado» que oye con frecuencia desde hace cierto tiempo. 

Mozart está justamente a su lado, su presencia presentifica el presente de una presencia a la sombra de las Luces del siglo XVIII.

Aún no la había reconocido. Ahora lo sabe, ésta fue la que lo empujó a tocar el violín en su juventud. Ésta fue la que lo hacía ir y venir para escuchar la música del final de Don Giovanni. ¿Qué tendía éste a oír? 

una revolución¨ que despierta, la del uno.           

La Historia de la ópera privada que es su vida, viene desde ese entonces. La puesta en escena de los tres personajes que se conocen bien, el monoteísmo, el cristianismo y la filosofía nunca ha sido tan actual.

Por supuesto, llegó a interpretar al cristianismo como una desviación del judaísmo por Pablo  de Tarso. Tales propósitos se intercambiaban en privado. Entonces, silencio.

Aquello que se decía abiertamente, era el credo, escrito y promulgado luego del Concilio de Calcedonia de 451[11], que cada neófito debe hacer oír el día de su bautismo. Esta primera proclamación de fe lo hace entrar a la Iglesia une, santa, católica y apostólica. Es cristiano.

Católica, la Iglesia es universal cath olos, según el todo. Se aboca a convertir al todo, de arriba abajo, es la misión apostólica que empuja a cada cual a constituir el todo del conjunto.

Santa, ésta lo consagra y se consagra a él.

            ¿Pero dónde ha encontrado la Iglesia ese saber del todo como suma del uno, del uno como uniano? ¿Acaso sabía que es el anagrama de aburrimiento* en su querida lengua francesa?

Obviamente lo ha conseguido y continúa universalmente, ¿acaso no tienen los ateos supersticiones ocultas acerca del todo?

 

Ha sorprendido a más de un Grande de ese siglo. Recuerda particularmente al deísta Voltaire, a quien visitó en 1760 luego de haber hallado el escrito de Henriette aún gravado en el vidrio del hotel en Ginebra.

 Cuánto sabía ésta sobre el todo del amor.

Nada que ver con la corte con la que se codeaba el filósofo.

La ópera privada que ahora se le brinda es Historia del Todo, la propia.  Henriette habrá sido su embajadora ante las demás mujeres.

Mientras el discurso habitual establece estadísticas, arma un catálogo, a la manera del censurador Leporello, no se trata de eso, Mozart, Henriette y los demás.

 Histoire de ma vie se da a quien pueda oírlo como un entretejido del monoteísmo, del cristianismo y de la filosofía. Nada tiene que ver con el adiestramiento de los antiguos Padres de la iglesia y de los nuevos Papas, cualquiera fuese su opinión.

 Recuerda el mensaje dejado por un gran viajante, Pablo  de Tarso, que hablaba y luego escribía, como él.

El hecho está relatado en la epístola a los Gálatas escrito alrededor del año 57.

 Pablo  acaba de enterarse de la desviación de su enseñanza por predicadores de la Ley. No reflexiona, lo hará un año después al redactar la epístola a los Romanos más calmo. Inmediatamente, su voz pro clama:

« No hay más ni judío ni griego, no hay más ni esclavo ni libre, no hay más  ni hombre ni mujer; pues todos sois uno en Jesucristo » Gál., 3, 28.

  Hasta entonces, había pensado que Pablo enunciaba una cristología, siempre la misma, la propuesta de Jesús salvando con su muerte y su resurrección, no sólo a un pecador sino a todos. La Iglesia siempre sostuvo esta interpretación. La misión de Jesús es la redención de los pecados por la gracia.

Ahora, la torsión del enunciado de Pablo  lo detiene. Tiene sus motivos: tres imposibilidades –que él, Pablo, conoce bien, posibles en la realidad- son formuladas negativamente para resolverse en la afirmación del todo en uno.

Está sonado. Todo lo que ya sabía ha dejado de sostenerse. Descubre un saber[12] que se da como serie lógica imposible de comprender.

El valor reside en que fue la Iglesia quien lo ha convertido.

Pablo  no lo podría creer. Henriette sonreiría. Mozart estallaría de risa.

Cae el telón.

El psicoanalista aplaude. Ha reconocido la apuesta secreta del saber en lo real, aquél que dice sin hablar y su sustitución habitual por un saber de ascendencia imaginaria[13] que dice en sentido único universalizando el todo.

Ha aparecido, luego de Freud a fines del siglo XIX, para dar cuenta de ello.

Sabe de la importancia del momento en la transferencia en que una torsión pone en juego lo absoluto del saber en escena para que de las huellas insistentes de ese real, se escriba el saber inconsciente.

No recusa la diferencia sexual que reparte al hombre y a la mujer cada uno en su lugar, bajo una bandera, pero sólo reconoce la experiencia del discurso para abordar el enigma universal.

No deja de saber que aquél que se dice hombre, la di-fama* a la llamada mujer, hasta que un saber inconsciente teja la torsión que es el universo del amor.

Todo hombre no es mujer, modo justo de introducir al hecho de que el discurso del todo del hombre conduce a un cierre del universo de una mujer.

De un lado, el hombre, del otro una mujer. ¿Cómo puede ocurrir el encuentro?

Habrá sido necesario que advenga una mujer para que todo hombre acceda al amor que es otra cosa que lo uno de lo uniano o de lo cualquiera, dado que es lo uno de lo Único.

Tal sería la apuesta de todo ser parlante, de estar desgarrado entre la parte del todo del hombre y la parte del uno de una mujer. El saber moderno puede conducir allí, a condición de no pedírselo.

Y resuena la voz de Lacan, tele visión:

 « Todas las mujeres están locas, dicen. Por eso mismo no son todas, es decir no-del-todo locas, más bien acomodaticias: al punto que no hay límites en las concesiones que cada una hace por un hombre: de su cuerpo, de su alma, de sus bienes ».[14]

Divierte pensar que Casanova que ha escrito una carta de 150 páginas a Robespierre en 1791, le ha comentado su descubrimiento.

Ésta no ha encontrado destinatario.

El « falso cura », tal como lo ha bautizado Condorcet, participó activamente en la instauración del terror.

Será decapitado, como ha decapitado a los Capet.

Paris, 28 de febrero de 2007. Jean Charmoille



[1] Los psicoanalistas podrán pensar en el artículo de Freud sobre el psicoanálisis laico, aquél que es justamente, profano.

* NdT: Rêve olution condensa por homofonía révolución (revolución) y rêve olution (sueño revolución)

[2] « Casanova l’admirable » Philippe Sollers. Folio 2002 ;

[3] que no describiremos ya que partimos de sus límites

[4] imposible de definir, este neologismo de Lacan abre a todos los sentidos, en eso es un significante.

* NdT : neologismo basado en la homofonía de jouissance (goce), j’ouïe-sens (oigo-sentido) y jouis-sens (goza-sentido).

[5] Donde se puede oír dux, el amo

¨ NdT: en el original dice: senti-m’être, (sentido-serme) que es homofónico de centimètre (centímetro)

[6] Condorcet. Un intellectuel en politique. Elisabeth Badinter, Robert Badinter. Fayard. 1988

* NdT idem nota p. 2

[7] No ha podido decirlo dado que Histoire de ma vie se detiene en el año 1774. El vacío causado por esta detención nos permite la puesta en escena de esta ficción, cuya importancia hemos demostrado (nota 11 más adelante).

[8] Mi artículo « Mozart y el grito de Don Juan », en mi sitio www.sonecrit.com y publicado en la revista Insistance 1 Eres 2005 pp 37-43.

* NdT: “Sonécrit” puede ser tanto “sonido (son) escrito” como “su (son) escrito”

* NdT: idem nota p. 2

* NdT: En francés el juego de palabras es “calfoutrées”, jugando con la homofonía de ventanas “calfeutrées” (guarnecidas con burletes) y “foutre” (hacer).

[9] Palabra latina que viene del griego eu aggelion , buena nueva.

[10] Así termina Précis de ma vie  escrito a Cécile de Roggendorff, justo antes de interrumpir la revisión de Historia de mi vida, seis meses antes de morir.

¨ NdT: idem nota p. 2

[11] Agradezco esta precición a Henry Fontana.

* NdT : Unien (uniano) es anagrama de ennui (aburrimiento).

[12] que hemos reconocido en el apasionante libro de Jean Claude Milner « Le juif de savoir ». Grasset 2006

[13] Jacques Lacan.  Seminario del 15 de febrero de 1977

* NdT: Juego de palabras basado en la homofonía de “difâme” (difama) y de “dit-famme” (llamada-mujer)

[14] Jacques Lacan. Télévision. Seuil. P.63-64.