“¿QUÉ ES EL SABER?”

Paris 

Clase del 28/03/2007

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cuadro 1



cuadro 2



cuadro 3

“¿QUÉ ES EL SABER?”

Esta noche quisiera retomar algo que era en definitiva una de las apuestas de este título, el saber. Algo dije la vez pasada: el saber, por definición, no es un saber en tanto tal, es algo que introducido, por el infinitivo, tiene lo que hay de infinito en el infinitivo, algo que se caracteriza por el hecho de no tener ni sujeto ni objeto.

Es lo absoluto del saber absoluto que está muy cerca de lo que Lacan llama saber en lo real. En lo real, no es saber real, sino saber en dirección a lo real, que es inasible. Por eso Lacan, afirma el de 15 febrero de 1977:

Hay saber, no en cualquier parte, en lo real. Ese saber dice la verdad pero no habla y hay que hablar para decir algo.

Distinguimos el saber inconsciente y el saber imaginario o de ascendencia imaginaria, en la medida en que lo que importa es ¿cómo esos dos saberes hacen tres? No son tres nudos que están anudados, es ¿cómo los dos hacen tres? Lo cual es muy distinto, y lo que evocábamos la última vez con respecto al tema en este seminario del 21 de mayo de 1974, Los No incautos de Lacan, era que si La mujer no existe, una mujer, puede producirse cuando  hay nudo, o mejor trenza.

La dimensión de lo Uno, es el escrito invisible e insólito de una mujer, es decir que lo femenino supone la repentina puesta en continuidad de lo Uno que es lo femenino y del Todo de lo universal de todo hombre que es el saber masculino, en ese lugar de la ek-sistencia.

Pero, es una experiencia de discurso que puede decirse: ¿por qué el ser parlante, en la medida en que el inconsciente, no es que el ser piense, sino que al hablar goce y no quiera saber nada más, es decir, no quiera saber nada del todo*. Aquí vuelve el todo.

Es una cita del Seminario Encore, creo que es el seminario que ha sido intitulado por Miller El saber y la verdad.

¿Qué es lo que hace que se oiga un llamado insólito e invisible a la ek-sistencia? Ese llamado es un goza (jouis) que no es un imperativo y que se dirige al TU, segunda persona que lo oye. La respuesta es la aparición de la primera persona que responde si y, como lo dice la lengua francesa, oigo (j’ouis).¨

Hemos llamado este pasaje de la segunda a la primera persona, aparición del Sujeto del inconsciente  

Hemos supuesto que hay en el corazón mismo del saber, apenas es oído el discurso y no el sentido, algo que escapa a Pablo de Tarso, a saber que tres juicios de imposibilidad formulados en forma negativa que terminan en una afirmación, es una lógica que va más allá del sentido.

Hay un más allá de las palabras que es silencio. Es motus, ni una palabra, como lo dice la lengua, a partir del cual, dado que las palabras soportan el ser, un más allá del ser que llamamos la ek-sistencia, puede ser tocado.

El arte va en esa dirección, como el psicoanálisis, pero el psicoanálisis intenta nombrarlo, como lo hace Lacan, el 15 de abril de 1980: El  sujeto supuesto saber no es el mundo ni nadie, no es todo sujeto, pero tampoco un sujeto nombrable, es algún sujeto, alguno, un cierto, uno, reencontramos el  uno, pero no es el  uno de lo uniano, un cierto, algún sujeto, es el visitante de la noche. Es de la naturaleza del signo de una mano de ángel sobre la puerta.

Esto me recuerda lo que me señalaba mi  profesor de canto esta mañana, a saber que, para que sean oídos los armónicos por un oyente, que va a oír, por su parte, la claridad del sonido, el sonido que sale debe ser extendido y ha de chocar contra una resistencia. El lugar del cantante no está en la claridad, ese es el lugar del  oyente, sino en una cierta oscuridad.

Me parece bastante divertido mostrar cómo aquí, –es lo que yo llamaría un discurso– los lugares no son los mismos para el oyente y el emisor, y es la aparición de la trenza, nudo, la que hace que para que advenga ese algo que es el hecho de que un oyente oiga la mayor cantidad posible de armónicos, sabrán que esa es la riqueza del sonido,  importa que haya un velo sobre el que produce el sonido.

Entonces, recordarán por supuesto, hablo con mi cuerpo y lo hago sin saberlo y  digo más de lo que sé. En torno a esto se encuentra la dimensión del gozar, del goce, es aquello que está en juego en la voz del que habla en análisis, la  aparición de una mujer, en la medida en que esa dimensión de lo femenino, lo sabemos, tiene que ver con la dimensión del hecho de oír, del sonido, y no de lo sonoro, es decir de algo que viene de otro mundo que no sea el del sentido.

Hoy quisiera intentar, ya hablé al respecto, creo, el año pasado, hacer oír ese llamado a la ek-sistencia a partir del cuadro, junto a Nicolas Poussin.

Estamos en el siglo XVII, alrededor de los años 1625, los pintores en Francia están en una situación que, claro está, no es tan favorable como la de los pintores en Italia. Nicolas Poussin va a Roma y allí hace un cuadro que se llama: Et in Arcadia ego, Y yo también estoy en Arcadia, Cuadro II, a partir del cuadro I que es pintado por un pintor italiano llamado Guercino. El cuadro que encontramos habitualmente en el  Louvre y es muy conocido, es el III.

Las palabras son las mismas en los 3 cuadros, cada uno representa  Et in Arcadia ego, Y yo también estoy en Arcadia, pero lo que se significa allí es incomparable si nos elevamos más allá del sentido evidente.

Hay una secuencia cronológica, el cuadro I es de 1621-23, el cuadro II es de 1629-1630 y el  cuadro III es de 1638-1639.

Lo importante, para nosotros actualmente, es que una mujer sea producida, cuadro III, en el lugar del hombre viejo, cuadro II, viniendo éste a su vez de la cabeza de muerto, cuadro  I

Es una mujer que sorprende. Es muy enigmática, vestida a la antigua y nada tiene que ver con la mujer que está allí con los pastores, cuadro II.

La pregunta que podemos hacernos es la del pasaje necesario por el cuadro II para llegar al cuadro III, (hay alrededor de diez años entre ambos).

Otra pregunta, ¿Por qué Poussin tuvo que volver al cuadro II y dejarnos esta mujer que se produce bajo nuestra mirada siempre de manera renovada a nivel del cuadro III? 

Porque no se trata de la mujer del cuadro II que participa, en el intercambio con los pastores, ésta es una, singular, por fuera de todo lo que acontece entre ellos. Ella está allí. enigmática, no dejando sin respuesta, debido a la mirada interior.

El  pastor la ha visto llegar. ¿Qué ve?  Es como si ella llegara de otro mundo y su aparición trasciendera lo que se dice.

 ¿Por qué Poussin, ya que eso es lo que nos interesa, vuelve en un tiempo de après-coup, al discurso del Todo o de lo univeral, del  universo del sentido, y hace un cuadro en el que aparece esa dimensión enigmática, misteriosa, reservada, presente, el uno de una mujer? Poussin nos deja esta pregunta que es propia a todo ser parlante, sin saberlo.

Quisiera intentar transmitirles lo que puede ser un discurso, más allá del sentido de la historia, de la memoria, ya que gira.

 Lacan desliza rápidamente este punto entre dos puertas, –ya lo he comentado, creo que es el 21 de mayo del 74. Lacan supone que a partir del momento en que se dejó trabajar por aquello que es un discurso, pudo llegar al vínculo entre el sexo y la palabra y que recién entonces puede acercarse al inconsciente. 

El  sexo, es tomar en cuenta el todo hombre, es decir del saber masculino, en la aparición de una mujer.

Es interesante abordar lo que dijera al respecto Panovsky. Para él, Poussin introduce allí a través de la mujer, una idea de la finitud, como si ésta dijera: « yo también estoy en Arcadia », y como ella viene a ocupar el lugar de la cabeza de muerto, viene a decir: « Yo, la muerte, también estoy aquí en Arcadia ».

Lo que puede suponerse es totalmente distinto, ya que se trata de la dimensión de lo femenino como apertura a Otra cosa, a la cosa. 

Me detengo aquí por este año 

Palabras clave :

Saber en lo real,  Saber masculino, Trenza, lo sexuado y la palabra, Uno, Todo hombre, Una mujer, el discurso, Nicolas Poussin, Pablo de Tarso. 


* NdT: En francés, la expresión “rien du tout” significa “nada de nada” o “para nada”.

¨ Homofonía tan trabajada por Lacan entre jouis! (goza) y j’ouis (oigo).