“¿QUÉ ES EL SABER?”

Paris 

Clase del 13/12/2006

00:47:01

“¿QUÉ ES EL SABER?”

La última vez, supusimos un encuentro, con todo la ficción que eso requiere, la de un ser parlante, que luego de una experiencia, elabora algo, Condorcet, y la de un analista, Freud, que retrocede ante la aparición de lo real, a fines de 1892, con Lucy R.

Hoy querría seguir en esta dirección. Asimismo intentaremos suponer –porque estamos en un seminario de psicoanálisis–, un tiempo en que Freud se refugia con uno de sus analizantes, el Hombre de las Ratas, en la significación por un lado, y del otro, quisiera seguir interrogando aquello que viene del Otro, en el encuentro con Condorcet que nos dirige hacia el descubrimiento de Freud transmitido por Lacan al inventar el objeto (a).

Vuelvo a la singularidad de Condorcet con respecto a Las Luces. Cuando ingresa a la Política, Condorcet es filósofo, miembro de la Academia de Ciencias y de la Academia Francesa.

Los políticos podrán decir que fracasó en el ámbito político, pero podemos pensar que no es tan obvio si partimos de su Esbozo de un cuadro histórico de los progresos del espíritu humano, que nos deja como testamento, más allá de los datos históricos bien sabidos, antes de irse saludando al buen entendedor. ¡Es uno de los pocos revolucionarios que no pasó por la guillotina!

Efectivamente, se plantea la cuestión (intentaremos decir algunas palabras acerca de la posición particular en que fue encontrado muerto, siendo una posición que interroga) del saber como cuadro, auténtico cuadro clínico, aquél que crea el analizante en el diván. 

¿Qué se fue elaborando progresivamente en su pensamiento y en el de los demás? La posibilidad, en esta segunda mitad del siglo XVIII, de que ocurra un acontecimiento extraordinario: el saber puede ser accesible a todos, porque todos son animados por la razón. Condorcet sabe de qué habla, conoció la razón en la relación que tiene con lo real generada por sus ansias de matemáticas que lo altera al punto de pasar diez, doce o quince horas en su habitación estudiándolas.

El hecho de cada ser parlante pueda acceder al saber es absolutamente nuevo, ya que hasta ese momento, inclusive para Voltaire, o para los Enciclopedistas, no era así: el saber podía ser distribuido por preceptores a ciertos alumnos y si los déspotas iluminados podían permitir que se difundiera saber, igualmente seguía siendo algo muy cerrado.

Ahora bien, el encuentro de Condorcet con el saber va a llevarlo muy tempranamente, en los años 1775 –lo encontramos especialmente en el discurso que da cuando es admitido en la Academia Francesa en 1782- a elaborar las bases de lo que llamará la instrucción, por la cual aquellos que saben deberán aportar elementos de saber a todos los otros que son ignorantes, (eso es algo novedoso), un saber elemental que, por alejarlos del poder de los que saben, les dará el poder de tener juicio acerca del saber que les proponen. Tal es la tarea de la res publica, de la república, el saber ya no es confiscado por el clero y los nobles.

Francia puede así, de alguna manera, ser un modelo que podrá brillar en Europa y más allá. Esta es la elaboración del pensamiento de Condorcet a partir de la razón que encuentra frecuentando a las matemáticas; es extraño notar que en 1957, Lacan escribe La instancia de la letra en el inconsciente, y agrega o la razón desde Freud como si Condorcet fuera convocado sin saberlo.

En el siglo XVIII, para Condorcet, el saber es ordenado por la observación, opsis, y, segunda característica, ese saber se transmite por la letra, dan fe de ello las matemáticas. Aquí encontramos efectivamente los elementos que van a guiar a Lacan de alguna manera; casi podríamos decir que la relación de Condorcet con el saber va en esta dirección. Este es el punto que quisiera desarrollar esta noche, acercando a Freud de Condorcet. 

En 1907, el 1ero de octubre, Freud comienza el análisis de Ernst Lehrs, alias, el Hombre de las Ratas, que va a consultarlo por distintos trastornos, en particular mecanismos obsesivos, a saber, que lo obsesiona la idea de que algo feo, algo doloroso le pueda pasar a dos personas que ama : su padre y la Dama. Y Freud apunta, en especial en las notas que corresponden a los tres primeros meses y veinte días, hasta el 20 de enero de 1908, en lo que se llama Diario de un análisis, en el cual Freud escribía cada noche qué se decía en las sesiones, Freud apunta que esta dama, no es cualquiera, no es  una mujer, sino una Dama venerada.

No retomaré todo el análisis, sólo quiero, un poco como con Lucy R, la última vez, hacer aparecer esa efracción de lo real en cierto momento, cómo dicha efracción está de alguna manera recubierta, y cómo puede oírse, ya que este es un poco el tema del seminario: ¿cómo eso se oye? Y ¿Qué retiene invisiblemente a los cuerpos?

 

Ustedes conocen el caso. Elegí un momento que no está en esos primeros tres meses y veinte días, hay que leerlo entonces en Cinco psicoanálisis, el momento en que Freud, como con Lucy R ya ha construido algo en el plano de la historia. Su construcción es poner en paralelo –es más, yo no sé si se da cuenta de que se trata de sí mismo, ya que sabrán que en segundo plano está su propia historia–, Freud, compara lo que le ocurrió al padre de Ernst Lehrs con lo que le ocurre a Ernst Lehrs : su padre, que  murió cuando tenía 11 años, vivió la siguiente situación : tuvo que negarse a casarse con una mujer pobre y bella que amaba, para hacerlo con otra, la madre del Hombre de las Ratas, que le dio fortuna, celebridad y cierta prestancia social.

Ahora bien, un año antes de terminar sus estudios, la madre del Hombre de las Ratas le propone a éste casarse con una joven que le asegurará a él también reconocimiento social, perspectivas profesionales. Pero él ama justamente a la Dama en cuestión y se enferma. Freud relaciona rápidamente lo sucedido al padre con la situación del hijo y se lo devuelve a Ernst Lehrs como causa de su síntoma, siendo el conflicto que el hijo no puede desobedecer al padre muerto haciendo otra cosa.

En el momento, y esto es lo que nos interesa, Ernst Lehrs no acepta, no puede  aceptar esta interpretación. Hay intercambios, sin duda algo fuertes en la transferencia y aparecen mecanismos de algo que justamente tiene que ver con el saber, con algo que está vinculado al odio. Se va desarrollando algo y un día, al salir de sesión, en la escalera, Ernst Lehrs ve a una joven e inmediatamente piensa: No hay dudas, es la hija de Freud. Y se pone a imaginar que es exactamente lo que le ha dicho Freud, es decir que Freud quiere que se case con su hija y por eso acepta su agresividad. Y en la noche siguiente, o en los días subsiguientes, tiene un sueño. Aquí quería llegar: tiene un sueño que nos interesa mucho porque allí se plantea la cuestión del saber del Otro, la cuestión del objeto (a).

He aquí el sueño: Ernst Lehrs sueña con la hija de Freud y en lugar de ojos, tiene caca, y Freud anota en la observación, que para quien conoce bien La interpretación de los sueños: No hay duda alguna, es muy simple, significa que quiere casarse con ella, no por sus bellos ojos, sino por su dinero.

Interpreta según un saber bien conocido que es el simbolismo anal: la caca,  remite al don, al dinero. Freud no dice qué efecto produce.

Lo interesante es que en el famoso Discurso de Roma, de 1953, en un momento, Lacan habla de la posición del analista en la transferencia, y de la importancia de no objetivar, en el sentido de la relación de objeto, lo que ocurre en la transferencia, y retoma este sueño para transmitir al respecto un saber elemental: lo que se juega en aquel momento, el supuesto saber, es el hecho de que Ernst Lehrs, en posición de analizante, le ofrece a Freud une hija imaginaria para recibir de ésta la alianza, a nivel de la subjetividad, que le revela en el sueño, « su verdadera cara, la de la muerte que lo mira con sus ojos de betún »

El analizante pasa por lo imaginario para recibir del analista el don que es lo simbólico, en el punto en que lo real hace efracción. 

 

La interpretación de Lacan conduce más allá del saber que ya estaba. Por un lado es muy poético, y por el otro, supera la transferencia que hace Freud, sin saberlo, repitiendo lo que le ocurriera a los dieciséis años cuando se enamoró de Gisela Fluss. Se lo escribe en 1983 a Martha, su novia: se había enamorado a tal punto que erraba por los bosques y durante diez años, no pudo amar a otra mujer hasta que conoció a quien sería su mujer, Martha. Pero lo que le queda de Gisela, ese resto, son sus cabellos y sus ojos negros. Es la dimensión del objeto (a) como objeto del fantasma.

También podríamos decir que, en ese momento de Freud con Lucy R, que es inmediatamente recubierto, toda la enseñanza de Lacan está recubierta. Es decir, todo lo que dice del lado del objeto, del lado del significante, del  lado del significado que no toma en cuenta la dimensión del significante, del lado del $. Todo está allí, pero es recubierto de inmediato por el pensamiento que viene a ocultar lo que está en juego. En otras palabras, en el momento en que Lucy R le dice: ya lo sé, podríamos decir que se abre una hiancia y que irrumpe un real que no es sin evocar lo real en juego con los tres prisioneros del tiempo lógico.

 En el momento en que ella le dice esto, podríamos decir que la situación es comparable a aquélla donde cada uno de los prisioneros está de alguna manera en posición de objeto (a): por supuesto no puede decir nada al respecto. Está en posición de objeto (a) pero no con ella, estaríamos aún en la intersubjetividad.

Porque no se trata de comprender: sino de ver qué está en juego y escapa al pensamiento. Pensemos en las letras matemáticas para intentar acercarnos a éstas. Podríamos decir que lo que está en juego en ese momento es que Freud está en posición de objeto (a) –cuando el objeto (a) está en posición de agente, esa es la aparición del discurso analítico– porque está bajo la mirada del Otro, o de los otros, porque podría haber varios Otros para presentificar el campo  del Otro.

Podemos suponer entonces que Lucy R tiene esa función, la misma que conduce a los prisioneros a salir presurosos. Es el hecho de que en algún momento uno, cada uno, está bajo la mirada de los otros dos. No es tanto si ve que es blanco o negro, lo que le dice que puede salir –esa es la elaboración de Lacan cuando hablaba del tema, como dice, después de la guerra– sino que progresivamente, cuando va a retomar el tema en su Seminario, lo importante para él es la estructura en que el ser parlante está en posición de objeto (a) bajo la mirada del Otro.

Pero aún hay que precisar: bajo la mirada de aquello que Lacan va a llamar en el Seminario Encore, « un ensamble ». Es decir que, y aquí estamos en el saber que ya no tiene más nada que ver con todo lo que uno conoce, en ese momento –voy a intentar hacerlo en el pizarrón–, hay que pensar en el principio de la Teoría de los Conjuntos, la dimensión del ensamble que se caracteriza porque se ponen en el conjunto objetos que nada tienen que ver juntos. Ese es el interés de la teoría de los conjuntos, es que el conjunto, lo que él llama la dimensión de lo UNO en ese momento, permite poner junto, en-samblar algo que a priori no tiene nada que ver junto.

Porque si tiene que ver algo junto, es el narcisismo. Entonces, todo lo que vimos primero, todo lo que intenté decir con respecto a Freud, podríamos decir que estamos en un saber narcisista, en el sentido en que estamos en la misma, nos entendemos, etc. Y toda la cuestión estaría en la transferencia, el momento de esa irrupción que hace aparecer, no algo que estalla, sino, verdaderamente un ensamble. La dimensión de lo escrito, lo que se escribe, no es la escritura, sino algo que tiene que ver con la puesta en ensamble, de algo, de elementos que son totalmente heterogéneos, sería realmente eso la alteridad.

Entonces, las matemáticas en tanto tales –y es una hipótesis que hago  gratuitamente, porque de alguna manera, eso fue lo que encontró Condorcet en las matemáticas– es lo que intentó elaborar con todo el trabajo que hizo sobre el cálculo integral y las probabilidades, preocupado por saber cómo hacer para que las lecciones fuesen lo menos falsas posibles, es decir que se llegue a tener una representación.

Vuelvo en este punto a Freud –no vamos a reprochárselo, ya que nos lo transmite igual, dado que podemos hablar de ello–, lo que Freud no puede recibir en ese momento infinitesimal, pero que a pesar de todo no deja de saber –eso es lo que nos transmite– es que hay ese ensamble que Lacan llama « Hay de lo Uno ». El Uno, no es lo uniano del narcisismo, es el Uno que es el ensamble. Y marca una diferencia, dice que él encuentra la huella, el escrito del Uno del que habla, en las matemáticas, en la teoría de los conjuntos.

 De allí, cada vez que uno está en una posición en que desfallece la imagen especular, en que uno ya no puede permanecer en la dimensión de lo  especular, es decir del narcisismo, para decirlo rápidamente, y bien, uno se ve llevado en ese momento, y por eso es importante que en la transferencia, el psicoanalista pueda permitir que se despliegue, que se desarrolle ese momento, ya que eso es lo que introduce a ese discurso nuevo que es el discurso analítico, que es sólo un cambio de discurso ; no es un discurso sobre el psicoanálisis o sobre los elementos del psicoanálisis.

Entonces puedo suponer que en 1908, lo que Freud encuentra con el Hombre de las ratas, y lo que va a transmitir Lacan al retomar ese sueño –no lo dice en cualquier lugar Lacan, sino en el discurso de Roma que fue algo importante, en 1953 en la comunidad analítica– introduce de entrada algo que yo evoqué la última vez, en ese artículo, a partir de Kränkung como experiencia de mortificación particular, es decir esa marca de la muerte, de la desaparición de un saber que ya estaba allí para que advenga otra cosa. Y está escrito en ese sueño a través de lo que se presentifica, que va más allá, obviamente, de lo que se ve, y hasta podríamos decir, de lo que oye.

¿Cómo pueden estos datos –por supuesto, no vamos a pretender que correspondan exactamente, más bien buscaremos alguna correspondencia–, ¿cómo puede estar ya presente para nosotros? Si podemos probarlo en aquello que le ocurre a este filósofo particular, que no tuvo la menor idea de esto en tanto tal, a este filósofo particular, ese revolucionario, que no lo es en verdad, ya que, aunque va a lanzarse en esa perspectiva revolucionaria, se ve que lo que realmente le interesa es elaborar la Constitución, una nueva Constitución con los elementos que he mencionado, una elaboración de la Instrucción pública, ese es su gran aporte, y ¿qué puede dejarnos a partir de este esbozo?

Podemos jugar con las palabras: S, Ese, de Esbozo, Esbozo de un cuadro, otra vez el un de un cuadro. No es Esbozo del cuadro histórico, sino Esbozo de un cuadro histórico. Y además aparece la palabra espíritu. Es decir que el título en sí es una biblioteca.

 Lo encuentran muerto el 29 de marzo de 1794 en su celda y el de 3 abril de 1795, la Convención decreta, a raíz de la propuesta de Daunou, la compra y distribución de 3000 ejemplares del Esbozo, ya que en el ínterin su mujer había decidido su publicación. Y la nota que se redacta para acompañar la difusión de este libro muestra hasta qué punto a Condorcet le faltó reconocimiento: « es un libro clásico ofrecido a vuestras escuelas Republicanas por un filósofo infortunado ». Hubo que esperar el bicentenario de la Revolución, en 1989, para tener algún reconocimiento cuando lo llevan al Panteón en un cajón vacío, ya que su cadáver estaba en una fosa común.

A partir de la composición del sueño que se da como un cuadro, voy a dejarlos justamente sobre la suposición de un saber que deja Condorcet como Esbozo de un cuadro histórico de los progresos del espíritu humano, hablando del cuadro que éste deja ver cuando es descubierto en la prisión en que se encontraba antes de ser llevado al tribunal revolucionario pare ser condenado a muerte.

La última vez conté que en un primer momento, él estaba muy preocupado intentando justificarse: escribe Fragmentos de una justificación, y lo hace durante un mes. Escribe alrededor de 30 páginas, y su mujer, Sophie ve su deterioro total: debía notarse en su rostro, en su cuerpo, está paralizado, dejó de dormir porque no puede no justificarse.

Ahora bien, un día ella le dice que él puede escribir otra cosa, ella sabe que él puede dejar eso de lado para escribir otra cosa. Y cuando va a publicar el Fragmento de una justificación, al pie de la página 30 –ahí se detuvo– Sophie Condorcet escribe:  «abandonado a pedido mío para escribir el Esbozo de un cuadro histórico».

Esta dimensión del pedido interpela, porque lo curioso es que Condorcet pasó cinco años con los Jesuitas en Reims y esto le dejó marcas al punto que había propuesto un calendario en el cual cada día tendría un crimen hecho por el cristianismo. No lo publicó. Pero necesitó escribirlo...

 Ahora bien, –digo esto en relación al sueño de Freud y el Hombre de las ratas–, luego de su detención en Clamart, es encarcelado. Al día siguiente de su arresto, el 29 de marzo de 1793, a las 14 horas, el encargado de la prisión entra a la celda y lo encuentra muerto, « el rostro contra el suelo, los brazos estirados a lo largo del cuerpo ».

Por supuesto en ese momento sólo cabe una pregunta: ¿se suicidó o tuvo un accidente cerebro vascular?

Algunos sabrán que el rostro contra el suelo es la posición del cura al ordenarse.

¿Cuál habrá sido el último instante de este hombre ateo, tolerante, moldeado por la enseñanza de la religión católica que se encuentra en esta posición del ordenante? Es decir: ese rostro contra el suelo, ¿no será acaso el encuentro con algo del orden de un real del Otro? De todos modos, es otra cosa que entregarse al goce de la guillotina con dignidad, como Robespierre.

Lo que transmite ese cuadro extrañamente vivo del rostro de la muerte, es que hay algo que relacionar con el saber en lo real del que habla Lacan, es decir la importancia de un encuentro particular que retiene al cuerpo y que, obviamente, no puede ser supuesto sino en el marco de una alianza particular entre el Otro y el Sujeto a venir, alianza cuyo rostro es el de la muerte simbólica…

Ello supone que el ser parlante podría advenir vivo si acepta bailar con la  muerte, otra forma de dar cuenta de la experiencia de mortificación, Krânkung.