Clase del 22/11/2006
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Comenzaré diciéndoles que estoy muy contento de verlos nuevamente, luego de haber sido detenido repentinamente el 31 de agosto… Por supuesto, tomo la palabra en el après coup de este detenimiento, porque pienso que, cualesquiera sean los hechos en sí, se trata de lago que no puedo no tomar como algo que remite al discurso.
Ya había elegido el título del seminario « ¿qué es el saber?». Pero este detenimiento puede aportar algo nuevo; es el ABC del descubrimiento freudiano, que Freud llama anonadamiento que puede ser lo peor o lo mejor. Entonces, hablar del saber en esa perspectiva, me lleva obviamente al descubrimiento de Freud, y a la manera en que él mismo, en algún momento de su experiencia como psicoanalista, se ha visto detenido, y a la manera de transmitirnos si ha podido o no responder a aquello que se le presentó en el momento del detenimiento, en la medida en que se necesita un detenimiento para que pueda aparecer la dimensión de lo real.
Ya que estamos en el terreno de lo que ya ha dicho Freud, de alguna manera, o en lo que ya ha dicho Lacan, de uno y otro modo, estamos en una perspectiva donde algo nuevo no puede ocurrir, aunque la cuestión sea saber cómo es posible que llegue una nueva voz[1]. Lo importante en una cura, a nivel de la transferencia, ya que eso es lo que nos guía, es ese algo nuevo.
Entonces, esta noche quisiera, en esta perspectiva, acotar esta dimensión del saber, y luego voy a adentrarme en un encuentro, que es obviamente una ficción : la de Condorcet con el Psicoanalista. Lo que quiero transmitir, no son elementos de conocimiento sobre Condorcet: podrán encontrarlo en el libro « Condorcet, un intellectuel en politique » de Robert y Elisabeth Badinter, pero si nos atenemos a repetir lo que dicen los demás, aunque lo adornemos un poco, nos quedamos, creo yo, fuera de esta dimensión que intento presentar esta noche, dimensión que apunta a qué es lo que hace que en algún momento, un ser parlante pueda encontrar algo, sin saberlo, por supuesto, y que pueda tener la posibilidad de responder a esto con algo que ni se imagina. Esto sería, de algún modo, tomar en cuenta aquello que Lacan llama saber en lo real.
Unas palabras más sobre esta perspectiva del saber para introducirla de entrada con Freud, no tanto en lo que ha escrito en sus artículos, sino mucho después en lo que transmite más allá.
Les propongo situarnos a fines de 1892, cuando Freud y Breuer escriben la comunicación preliminar, pequeño artículo que está al principio de los Estudios sobre la histeria, sobre el funcionamiento de la represión, y por otra parte, sobre cómo se ha establecido la neurosis…Me quedo con una sola cosa, en función del detenimiento, es el hecho de que los traductores habituales han olvidado una diéresis sobre una palabra: tradujeron Krankung en vez de Kränkung. Ahora bien, Krankung, tiene que ver con la enfermedad, y Kränkung, es la experiencia de mortificación.
Vuelo sobre esta escritura, justamente porque hay escrito, en la medida en que la diéresis sobre la « a » es una inflexión que ha sido olvidada por los traductores, lo cual cambia todo, ya que lo que está omitido como causa del síntoma, es el hecho de que hay Kränkung, experiencia de mortificación, y no enfermedad, « afección », como está traducido en francés. Esta experiencia de mortificación, es algo que sin dudas tiene que ver con la pulsión de muerte, ya está allí.
Entonces, pueden ver que cuando está esta dimensión del detenimiento en el discurso, es posible retroceder debido a la experiencia de mortificación, pero también puede que aparezca una respuesta, es la aparición de algo nuevo. Y podríamos decir que a partir de ese momento en particular, Freud ya está encaminado hacia lo que describirá en 1905 como chiste. Pero sigue articulando esta puesta en dirección de la pulsión de muerte dentro del dualismo con respecto a la pulsión de vida, cuando la cuestión, es cómo la mortificación, es decir la desaparición del saber que ya está allí, va a engendrar, de alguna manera, un topos que está en el origen de lo nuevo que está bajo la égida de la pulsión de vida.
Realmente lo que les digo es algo extraño, porque son pensamientos que tuve mientras estuve inmovilizado. Uds saben que cuando hay una fractura ósea, hay macrófagos que vienen a hacer lugar, es decir, a comer los residuos. Se llaman osteoclastas y preparan de este modo el terreno a los albañiles que son los osteoblastos para asegurar la osteogénesis que ocurre habitualmente sin que lo pensemos.
Hacía falta ese detenimiento para que yo pensara en lo que ocurría sin que lo supiera, aunque no dejaba de saberlo: algo de lo real se desarrolla permanentemente a nivel de nuestro cuerpo, totalmente invisible y del que la ciencia puede dar cuenta como una articulación entre la vida y la muerte. Está escrito en el corazón mismo del funcionamiento celular.
Por supuesto, aún no se sabía tanto cuando Freud dijo algo sobre estos datos, pero es bastante sorprendente saber que las células de nuestro cuerpo permanentemente desaparecen a la vez que otras aparecen; este proceso de vida y de muerte está en el corazón mismo de la vida. Y sabrán que una de las teorías acerca del cáncer, justamente, es que células destinadas a morir dejan de hacerlo, y que son éstas las que acarrearían el vuelco increíble que es esa proliferación patológica.
Entonces vuelvo a la experiencia de mortificación, Kränkung, bajo la pluma de Freud que aparece tempranamente, y que puede considerarse, después de todo, como un lapsus, no se sabe, pero, allí hay algo que se escribe por ello escribí sonécrit en el pizarrón, es un sitio que acabo de hacer y que pueden consultar, www.sonecrit.com , hay algo que se escribe y que suena. Ahora bien, ¿acaso en la misma época, podría haber ocurrido algo de este orden en el consultorio de Freud, en le experiencia de la transferencia?
Lo consulta Lucy R., una gobernanta inglesa, que ha venido a verlo porque tiene síntomas: está deprimida, tiene una riñitis purulenta……. En fin tiene síntomas, y con Lucy R, Freud va a encontrar progresivamente aquello que está en el origen del síntoma, una escena particular no quiero entrar en detalles esta noche. Vayamos al punto del discurso que nos interesa dado que se topa con una escena particular, y en este punto se encuentra Freud en su elaboración: en el origen del síntoma hay un conflicto interno, y se da cuenta de que dicho conflicto se sitúa a nivel de una promesa que le ha hecho a la madre de los niños que cuida, según la cual ella se ocuparía de los niños. Ahora bien, ella recibe un día una carta de su madre que le cuenta que está enferma y piensa que debe volver a Inglaterra. He aquí un primer conflicto, otros irán apareciendo progresivamente.
Mientras ella habla Freud tiene una idea, la idea del padre. Entra en juego la seducción del padre, el amor del padre. Es la época en que aún no ha tenido el sueño luego de la muerte de su propio padre y le dice algo a Lucy R. Sería muy interesante oír la voz de Freud y la de Lucy R y de cruzar sus miradas; eso hablaría mucho más de lo que dice Freud.
Freud le dice: Vea, querida, pienso que su síntoma no se debe a lo que usted cree, es que Usted ama a un hombre que es el padre de los niños y no puede aceptarlo. Y aquí hay que seguirlo de cerca, estamos súbitamente en el discurso, estamos realmente en el discurso en el sentido de Lacan, inmediatamente ésta le contesta: Si, ya lo sé. Y Freud también le contesta de inmediato: Pero si lo sabe, ¿por qué no me lo dijo?
En esta réplica particular, se encuentra lo que yo quisiera intentar abordar esta noche, y las demás noches, es decir que en realidad, cuando Freud elabora obviamente es nuevo en ese momento todo ese saber que está allí para erraten, es decir para ser adivinado y dado al paciente, a saber el amor de ese hombre que es un desplazamiento del amor del padre, él está sumergido en un trabajo de pensamiento y obviamente lo que va a sorprenderlo, es que ella ya lo sepa.
En otras palabras, no soporta es su lectura que ella no se lo diga y estamos ante ese saber que está escrito en sus notas. Es un saber, podríamos decir de consistencia imaginaria, un saber definido, organizado, limitado que se comprende. Y la pregunta que podemos hacer es que en realidad, en el intercambio inmediato que ocurre, en especial en la respuesta de Freud, algo no cesa de no escribirse.
Lucy R deja suponer que hay otro saber que aquél que éste acaba de decirle. Ya lo sé supone que hay otro saber además de ese, algo que cesa de no escribirse.
Ocurre que debido al amor de transferencia, ella le va a traer todos los elementos que van a confirmar lo que acaba de decirle, por supuesto, pero también el hecho de que unos días después, va a aumentar el síntoma, es decir la rinitis purulenta aumenta, e interrumpe la cura. Y muy pronto volverá para decirle: ahora estoy bien.
Entonces, quiero centrarme en el hecho de que Freud, este es el punto, no fue detenido por algo que está presente en el decir y no en el dicho de Lucy R., porque reitero lo que nos falta, por supuesto, es lo que ocurrió en verdad, en un silencio insólito, que seguramente no fue muy largo, pero en el cual ha debido pasar algo importante. Esa es nuestra experiencia: lo que ocurre en ciertos momentos en la transferencia. ¿Acaso podemos ser receptores de otro saber que el saber de ascendencia imaginaria que se despliega y que permite que uno entienda, que permite seguir la historia? Esa es la pregunta. Este otro saber, siguiendo a Lacan, es en realidad de dos órdenes, es el saber inconsciente y el saber en lo real.
Es bastante complejo. El saber inconsciente, es el saber de ascendencia simbólica; el saber en lo real vamos a tratarlo un poco esta noche, en la medida en que lo importante, es tomarlo cuando asoma las narices, porque es algo que aparece y desaparece inmediatamente. En otras palabras ¿acaso es posible, podemos oír algo del orden de un goce, oír algo que se oye, « dígase permanece olvidado detrás de lo que se dice en lo que se oye »?
¿Qué es lo que se oye? Esa es la cuestión. Yo no sabía que encontraría todos estos temas en un hombre que vivió casi un siglo antes de Freud que se llama Marie Jean Antoine Nicolas Caritat, marqués de Condorcet.
Esta noche querría comenzar a aborda resto y proponerles la escena, una ficción, el encuentro entre Condorcet y el Psicoanalista en esta dimensión del discurso. Y aquí me encuentro con lo que decía Lacan, en su Seminario el 21 de mayo de 1974, parafraseo:
Empecé a intentar cernir un poco qué es el inconsciente, porque está la dimensión de la palabra, función y campo, y me doy cuenta de estas cositas no se marcan porque están en una línea que, para intentar abordarlo, hay que partir de ¿cómo la palabra y el ser sexuado van juntos?
No sexual, sexuado, Ustedes saben, la fórmula de la sexuación. Sexuado significa que se define al hombre y a la mujer con respecto al lenguaje, allí es donde se lo define, no es el hecho de estar bajo la bandera hombre o mujer. Hay una parte femenina en todo ser parlante, en la medida en que es justamente esa parte femenina la que permite, sin dudas, porque nos orienta hacia ese otro goce que el goce fálico, la que nos lleva en dirección hacia el hecho de oír.
Entonces se abre una pregunta: ¿qué es la voz? ¿Qué es el sonido? En la medida en que el sonido no se reduce a lo sonoro, y ¿qué es el cuerpo? Y cómo el ser parlante logra arreglárselas con sus goces, ya que quien es llamado “el hombre” es aquél que está bajo la ley fálica. ¿Cómo va a poder el hombre arreglárselas con ese pulpo que es el inconsciente? En la medida en que está ahuecado, y ¿cómo una mujer, no la mujer, sino una mujer, que es, cito « mucho más aireada que el hombre con respecto a sus goces » va a poder en cierto momento en el discurso, cómo va a poder juntarrse todo esto?
Aquí conduce particularmente, me parece, la enseñanza de Lacan, es decir que prolonga a Freud más allá de todo lo que sabemos sobre los límites de éste. Este es el punto que querría conversar con ustedes acerca de este hombre tan particular, Condorcet en un supuesto encuentro con el Psicoanalista. ¿Qué ocurre para que en cierto momento se encuentre en un estado muy particular? Y este estado es, en mi opinión, él lo dice en el título que está escribiendo, ese estado es el del Esbozo de un cuadro histórico de los progresos del espíritu humano. ¿Qué es un esbozo?
Voy a citar qué decía de al respecto alguien que, obviamente lo conocía bien, Diderot, en el salón de 1775: « Los esbozos tienen en común un ardor que el cuadro no tiene: es el momento del fuego del artista, de pura inspiración, sin mezcla alguna del después que la reflexión le pone a todo. Es el arte del pintor que se explaya libremente sobre la tela, la pluma del poeta, el crayón del dibujante hábil, parecen correr y jugarse. Veo en el cuadro algo pronunciado: Cuántas cosas suponía yo en el esbozo que apenas se anuncian »
« Las voces del silencio » de Malraux, le hacen eco a Diderot «El esbozo era en principio un estado de la obra anterior a su conclusión, a la ejecución de ese estado, pero existía un tipo particular, en que el pintor, sin tener en cuenta al espectador e indiferente a la ilusión, había reducido un espectáculo real o imaginario a aquello que lo vuelve pintura, mancha, color, movimiento. El croquis es una nota, ciertos esbozos son un fin, y como son un fin, existe una diferencia de naturaleza entres éstos y el cuadro terminado. Terminar algunos esbozos no fue realmente concluirlos, aquellos elegidos por los más grandes para conservarlos, el de Rubens, los jardines de Velázquez, no nos dan la impresión de representaciones inconclusas, sino de expresiones plásticas completas cuya sumisión a la representación debilitaría y tal vez destruiría. El arte entraba en conflicto con lo finito. Y la frontera entre el esbozo y el cuadro comenzaba a perder nitidez ».
Supongo hay que algo de este orden, y voy a contar cómo llega hasta allí, dado que tiene que esconderse debido a una orden de acusación. Estamos en julio de 1793, debe esconderse y se refugia en la casa de Madame Vernet. Hasta aquí la historia. Intentaré mostrar lo que está más allá para dar cuenta del artista que es Condorcet en ese entonces.
Para llegar a ese momento particular, voy a hacerlo rápido, nos ubicamos en el otoño de 1791, es el comienzo de la Legislativa en que aumenta su aura durante un año. Ya era muy famoso antes de la Revolución, por supuesto: era miembro de la Academia de Ciencias, luego miembro de la Academia Francesa, de la Academia de San Petersburgo, …Pero no puede hablar en público.
Tiene pluma, según dice, pero, ni bien debe subir a la tribuna, su voz no llega y, en realidad, no se lo escucha; primer punto.
Cuando llega la Legislativa, a fines de 1791 hasta el otoño de 92, comienza a tener dificultades con Robespierre y sólo piensa en una cosa, el proyecto de una constitución.
Además, lo preocupa el conflicto que se va desarrollando entre les Girondinos y los Montagnards. Piensa que es imprescindible que el conflicto no llegue a mayores porque Francia tiene que poder defenderse si atacan sus fronteras. Lo anima el proyecto de una Constitución que redacta con unos amigos.
Pero no toma real consciencia y aquí es donde se ve que como hombre político es un tanto ingenuo, pero veremos cómo termina, no se da cuenta que lo que le interesa en definitiva a todo el mundo, al comienzo de la Convención, es qué hacer con el rey.
En segundo lugar, los Montagnards sólo aspiran a eliminar a los Girondinos de los cuales se ha distanciado.
El 15 de febrero, sube a la tribuna para leer el proyecto de la Constitución, pero no pudo hablar mucho tiempo. Rápidamente, debe detenerse, no puede seguir y Barrès seguirá leyendo el proyecto.
Cabe señalar que todo el trabajo que ha hecho, porque fue realmente él quien ha puesto mucho en ese proyecto, no será tomado por los diputados, por los motivos que mencioné recién, porque importan otras cosas: el rey, la lucha entre los Montagnards y los Girondinos… y además, nadie quiere una Constitución porque la Convención desaparecería y tiene que durar, en especial para los Montagnards, que van tomando progresivamente el poder, en particular con lo que respecta a la decisión de matar al rey. Hay un conflicto entre Robespierre y Condorcet: para éste los diputados no son quienes para decidir qué hacer con el rey. Y como está en contra de la pena de muerte, el rey no puede ser condenado a muerte. Hay que designar a personas especiales que conozcan la ley, Magistrados que definan juntos qué hacer con el rey. Y dos días después Robespierre, explica que, efectivamente la Asamblea no puede decidir la suerte del rey, no está para eso, pero debe tomar una decisión, por el Bien Público, es decir que hay que decidir la suerte del rey sin juicio.
Es decir que por un lado, Condorcet, como hombre totalmente respetuoso de la ley, define que la suerte del rey debe ser decidida a partir de las leyes, y por otro lado, Robespierre propone votar que la suerte del rey sea decidida sin juicio.
He aquí la preocupación en el momento en que termina el proyecto de constitución: en diciembre de 1792, el rey va a ser ejecutado en enero de 1793. Primer punto.
Pero hay algo más : una vez presentada la Constitución, en la Asamblea, el 15 de febrero de 1793, unos días más tarde, los Jacobinos deciden de entrada, -esto es realmente política, que esta Constitución no debe pasar de ningún modo y que hay que hacer otra. Habrá que elaborar un proyecto y, en los meses siguientes la decisión sobre el proyecto presentado por Condorcet se había postergado más de dos meses, en los dos meses subsiguientes, hay que encontrar otra solución para que se defina otra Constitución. Así llegamos al 24 de junio, fecha en que es votada esa otra Constitución.
Todo esto altera mucho a Condorcet: hay rechazo al proyecto de Constitución, y la muerte del rey le parece escandalosa. Por supuesto no está a favor del retorno a la monarquía, porque entendió, una vez que el rey se fue a Varennes, que de ninguna manera debía volver. Para él es lógica matemática. Diré unas palabras al respecto.
Y va a aparecer una tercera cosa: el 2 de junio, la policía rodea la Asamblea exigiendo que los diputados presentes tomen posición con respecto a 29 Girondinos, es decir, que decidan su condena. Obviamente algo que está por fuera de toda disposición legislativa.
Estos elementos van a hacer que Condorcet, envuelto en un torbellino, no pueda no intervenir.
Sabe que no debe subir a la tribuna, porque si lo hace será catastrófico, entonces, toma su pluma y escribe un artículo intitulado A los ciudadanos franceses por la nueva Constitución, la de los Montagnards votada el 24 de junio.
En ese artículo, hay dos puntos importantes: el primero es que él dice que aquellos que parecen adular y referirse al pueblo- apunta, obviamente, a Robespierre- en verdad, sólo piensan en una cosa, manipularlo : esa gente odia al pueblo, es un primer punto que es tolerable. Pero en el segundo va a decir que el proyecto de esa Constitución que ha sido hecha a las apuradas, de cualquier manera, apunta esencialmente a lograr que vuelva la monarquía. Lo cual es una calumnia, porque no está en el proyecto.
A partir de ese momento, unos días después llega a la Asamblea un Montagnard, Chabot, con una carta en la mano, diciendo: Ciudadanos, supe al igual que ustedes que hay un traidor entre nosotros y puedo decirles quien es, porque tengo en la mano una carta nunca nadie le pidió que la leyera tengo una carta en la que figuran las mismas frases que en la Declaración a los ciudadanos que mencioné.
Olvidé decirles que efectivamente no la había firmado porque era peligroso. Podemos pensar que Condorcet estaba en un estado particular, porque, en realidad reacciona como si aún estuviera en el Antiguo régimen, como si bastara con no firmar para no ir a la Bastilla. Cuando en realidad, ya no está en ese mundo, el universo es totalmente distinto.
Entonces Chabot pide que se decida el arresto de Condorcet. Se vota y como consecuencia, Condorcet va a esconderse, y cuando llegan a su casa de la calle de Lille, ya se ha ido…Lo tuvieron al tanto unos informantes y se esconde.
Bueno, esta es la historia, lo que se cuenta. Es de alguna manera también lo que se dicen Freud y Lucy R. Pero lo que nos interesa a nosotros, es el discurso. Ese es el desafío de la transferencia.
Condorcet sólo tiene una idea en mente, hacer, lo que él llama un fragmento de justificación. Está tomado por el hecho de que debe demostrar que él no es alguien que deba ser arrestado como un traidor.
Pero algo nuevo va a venirle del Otro, de la voz de su mujer, precisamente para hacerlo pasar de la justificación en la cual se está agotando, al Esbozo. Cambia totalmente de discurso. Me interesa mucho porque me recuerda lo que escribí sobre lo que ocurre entre Constance y Mozart, cuando debe escribir la Apertura de Don Giovanni.
En 1786 se ha casado con Sophie de Grouchy qui tiene 20 años menos que él, que es muy bonita, inteligente, ha abierto un salón, ésta va a verlo frecuentemente con amigos y, sin dudas, ve el rostro y el cuerpo de este hombre desvastados, lo ve paralizado, tomado por algo. Todo lo que puede paralizar y fijar lo real, y en un momento le dice:
Pero… no sé qué dice, pero supongo que él oye algo en su voz, más allá del dicho que le dice: ¿Recuerdas que hace un año o dos, me hablabas permanentemente de un proyecto? ¿Recuerdas? Y sin embargo ese proyecto era algo muy importante, estoy segura que aún está en tu cabeza. No necesitas libros, estás escondido ahora, no hacen falta libros, lo tienes en la cabeza. Deja la justificación para meterte en el Esbozo.
Cuando ella va a publicar ese proyecto luego de la muerte de Condorcet en 1795, va a escribir efectivamente en una pequeña nota, que su marido abandonó la justificación para escribir el Esbozo «a pedido mío».
Eso es lo importante, ese algo que ocurrió en aquel momento, porque creo que hay un momento realmente particular en que la parte femenina de Condorcet ha podido entrar, subir a escena y dialogar con la parte masculina en la medida en que oyó en la voz de una mujer que una mujer, no cualquiera, su mujer a quien ama y que lo ama, algo insólito e Invisible. Algo que es esa relación aireada con el goce en una mujer de la cual habla Lacan, algo de lo real de una mujer. Y esto es inasible, por cierto, no se puede decir qué es. Allí hay, sin dudas, un momento particular donde el saber inconsciente le da ese acceso a lo puro real que empuja hacia el esbozo.
Entonces tuvo que haber porque recién en el après-coup, se puede decir tuvo que haber un día, y ese es en definitiva el encuentro, es la manera de hablar de otro discurso o de otro goce, tuvo que haber un día en que oyera algo. Algo que pasa por el cuerpo y lo habita en ese momento. Y lo que él escribe, es en realidad, lo que lo escribe a él.
Escribe algo totalmente subversivo para la época, dado que impera la teoría de la degenerescencia. Escribe algo absolutamente impensable: que el ser humano es perfectible. Es algo que él encontró a partir de las matemáticas no entraré en este tema, sólo haré, diría, algunos trazos que hay en este Esbozo, para comprender que él nada tenía que hacer en esa historia con Robespierre, nada de nada.
Y ¿qué escribe? ¿Lo hizo, por qué hacerlo? Porque quedó fascinado con toda esa gente que subía a la tribuna, que sabía hablar, mientras él no podía hacerlo, y así llega a lo que está en el origen del saber.
Conoce perfectamente a Condillac y la teoría de las sensaciones que están en el origen del saber para éste. Pero señala que el hombre no es un receptor pasivo, porque esas sensaciones deben ser tomadas a cargo por lo que él llama « la razón ».
Es la razón matemática, algo que va a hacer permanentemente que todo lo que es recibido va a ser trabajado nuevamente sin cesar. La razón es ese receptor que instruere y se aleja de los Montagnards y de Robespierre que van a hablar de educación. Él en cambio hablará de instrucción.
Instruere en latín, es poner en capas, no es el dux, el jefe, de la educación. In struere, es poner en capas, es decir que cada vez que algo nuevo ocurre, se replantean todos los conocimientos, de alguna manera, para que aparezcan nuevas relaciones la relación al saber es comparable con un cuadro, es un esbozo.
Para él la razón, es algo inasible, por lo tanto, ese exterior radical está en el origen; si salimos del sensualismo, ya se ve la dimensión del Otro, claro está, no en el sentido de las percepciones sensoriales. Está entonces ese exterior radical, y está ese receptor que se encuentra allí con la razón que lo anima es lo que el llama la razón, podríamos llamarla de otro modo, y lo importante, es que en el uno a uno, uno por uno, como decimos los psicoanalistas, aquellos que poseen saber deben transmitir aquello que el llama las nociones del saber elemental. En otras palabras, la cuestión, no es la cantidad de saber, sino que hay, por supuesto, una desigualdad de saber, hay una desigualdad entre los humanos a nivel intelectual, así como hay desigualdad física.
Es decir, que la igualdad no está, no está en el hecho de que todos deberían saber lo mismo, ya sea mucho o poco. La igualdad está en el hecho de que tengamos los conocimientos elementales, o sea, aquello que será el punto de partida para desarrollar un juicio crítico con respecto a lo que se nos va a decir, a lo que se nos va a proponer como ley.
Es decir que este cambio constante está en el ser humano, y es el que autoriza el cambio de la propia Constitución en el funcionamiento político.
La igualdad está ligada al hecho de que somos todos iguales con respecto al saber elemental.
Por supuesto Newton pensaba más que otros, pero todo el mundo está bajo la ley de gravitación universal. Newton, y los demás. No por saber, no por haber encontrado el principio de la ley de gravitación universal, está exento de sus efectos. Entonces, la igualdad está. Y si la ciudadanía es importante, es porque el poder político tiene que permitir que aquellos que son nombrados ciudadanos dispongan de ese saber elemental : los ciudadanos ya no serán totalmente ignorantes como antes.
Estos son, en resumen, los elementos, los rasgos que están en este Esbozo y supongo diré unas palabras con respecto a Casanova la próxima vez, porque Casanova finalmente se encuentra exactamente en la misma posición.
Al final de su vida, Casanova se encuentra en un castillo y escribe, entre 1789 y 1798, Historia de mi vida y podríamos decir que cuando Condorcet escribe el Esbozo, está en la misma posición subjetiva, la del après-coup, en el sentido en que entrega el escrito, los rasgos importantes, es decir otra cosa que historias. Por ejemplo, de todo lo instituido, de la clericatura, del clero, de la Iglesia, recalca que apunta a la parálisis de la razón.
Lo que intenté trabajar por el lado de este espíritu crítico que se desarrolla a través de la razón, aquello que se enseñaba por medio de las creencias y los dogmas, como dice, era un obstáculo al desarrollo de la razón. Así lo dice. Seguramente habría que conversar acerca de todo esto, pero así fue como lo encontró, de allí viene ; entonces todo lo instituido en tanto tal, fijo lo cual nos afecta a los psicoanalistas en nuestra relación a la institución y que obedece a leyes inamovibles, remite, justamente, al hecho de que de algún modo, no hay evolución posible.
Reprochará efectivamente a los Montagnards, esta clericatura laica, tratará a Robespierre de « falso cura »
Dejamos aquí.